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Los serpientes también merecen un descanso {Orión}

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Los serpientes también merecen un descanso {Orión}

Mensaje por Walburga E. Black el Dom Sep 18, 2011 12:59 pm


Esa frase era la exacta que pasaba por la cabeza de la morena en esos momentos. Aunque, si las circunstancias fueran otras o si la situación fuese valuada desde el punto de vista de alguien más, no diría que se trataba exactamente de un descanso. Ya que, técnicamente, no había estado trabajando para que ahora fuese el tiempo de descansar. Obviamente, ella nunca admitiría eso en voz alta, ni a sí misma, ni a nadie que lo preguntara. Para los ojos de todo el mundo, Walburga Black se estaba tomando un bien merecido descanso.

Se había despertado con positivismo en la mañana, mucho más del que disponía normalmente. Por fin, un día que tenía pinta de ir bien. Después de la semana que había tenido, era lo mínimo que se merecía. No recordaba haber tenido mejor despertar en un mes…o quizás algo más. Las gotas de lluvia cayendo con fuerza afuera de su ventana le habían sacado una sonrisa antes de que terminara de abrir del todo los ojos, planeando en su subconsciente, un día maravilloso. Sabía que tenía Pociones y Herbologia en el horario del día, por lo que tendría la oportunidad de salir y disfrutar un poco de la lluvia.

Lamentablemente, cuando si consiguio salir afuera del castillo, después de la doble clase de Pociones, la lluvia ya había cesado, remplazándose por un fuerte sol, característico de algún país mediterráneo quizás. El tiempo se había vuelto loco. ¿Estaban en Inglaterra o no? Se suponía que debía llover la mayor parte del tiempo, no haber un sol brillante como aquello.
Maldiciendo en voz baja, llego de mal humor hasta los invernaderos, solo para darse cuenta que se había olvidado el libro en la sala común. Sabía que no la admitirían sin él y ya llevaba muchas faltas como para cometer a otra más, por lo que, de mala gana, se regrese por donde había venido, caminando hacia la sala común.

Durante todo el camino estuvo peleando con el viento, y para cuando llego a las mazmorras, su pelo estaba completamente alborotado y sin ninguna esperanza de volver a su estado natural. Pronuncio la contraseña, esperando un momento para que se abriera la puerta para entrar, aun intentando volver a arreglar tan solo un poco su cabello, sin ningún resultado.

-Maldito viento, por un día que me iba bien…-murmuro en voz baja, dejando todo intento de algún posible arreglo, entrando en la sala. No esperaba encontrarse con nadie allí, sabia de sobra que en esas horas todo el mundo debía estar en clase, por lo que había planeando tomar el libro e irse rápido de allí.

Con demasiada mala gana, subió las pocas escaleras hasta su dormitorio, buscando frenéticamente el libro durante unos largos minutos, solo para después rendirse al darme cuenta que probablemente nunca lo encontraría allí. Era inútil volver a clase sin él, así que salió de la habitación, quedándose en la puerta esperando, hasta que vio un alumno de segundo año. Con su mejor sonrisa de psicópata, le encargo que le avisara al profesor que me sentía mal y que no podría llegar para terminar la clase. A penas el chico salió por la puerta, sonrio maliciosamente. Estaba segura que llevaría a cabo el pedido, al fin de cuentas le había amenazado que le lanzaría una maldición si no lo hacía. Obviamente era mentira, ella nunca practicaría hechizos con alumnos de su propia casa, pero tenía suficiente fama que era capaz de hacerlo, por lo que, le venía perfecto.

Se encamino hacia el sofá, arreglando un poco los cojines para después tumbarse, con los brazos detrás de su cabeza. Cerró los ojos, relajándose por completo, totalmente contenta del hecho de que probablemente estaría sola durante la próxima media hora.


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Walburga E. Black

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